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domingo, 11 de junio de 2017

El campeón

Que de cada diez peleas nueve fueron derrotas,
y que derrotas...
Que de cada nueve derrotas ocho fueron palizas,
memorables, casi legendarias...
Y obvio, de cada ocho palizas siete dejaron una cicatriz,
generalmente sobre otras cicatrices...
Como era de suponer, de las siete cicatrices seis todavía duelen,
un dolor neurálgico pocas veces perceptible.
Hablaba de mis batallas, de las cinco que puedo recordar,
y que honestamente he tratado de olvidar. 
De aquellas cinco que no olvido, cuatro fueron por decisión, 
una justa decisión si me preguntan...
De esas cuatro decisiones, tres fueron unánimes, 
¡Ni yo me opuse!
Unánimes y cómo no, si en solo dos pude devolver un par de golpes, 
pobres y escuálidos golpes.
Todo se reduce a eso, un par de golpes,
los que di, los que recibí, que fueron tantos,
suerte la mía, perdí la cuenta.
Una vez gané, mejor dicho no perdí.
Una vez fui campeón, no exagero.
Y no, no estoy hablando de boxeo.

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