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domingo, 11 de junio de 2017

El campeón

Que de cada diez peleas nueve fueron derrotas,
y que derrotas...
Que de cada nueve derrotas ocho fueron palizas,
memorables, casi legendarias...
Y obvio, de cada ocho palizas siete dejaron una cicatriz,
generalmente sobre otras cicatrices...
Como era de suponer, de las siete cicatrices seis todavía duelen,
un dolor neurálgico pocas veces perceptible.
Hablaba de mis batallas, de las cinco que puedo recordar,
y que honestamente he tratado de olvidar. 
De aquellas cinco que no olvido, cuatro fueron por decisión, 
una justa decisión si me preguntan...
De esas cuatro decisiones, tres fueron unánimes, 
¡Ni yo me opuse!
Unánimes y cómo no, si en solo dos pude devolver un par de golpes, 
pobres y escuálidos golpes.
Todo se reduce a eso, un par de golpes,
los que di, los que recibí, que fueron tantos,
suerte la mía, perdí la cuenta.
Una vez gané, mejor dicho no perdí.
Una vez fui campeón, no exagero.
Y no, no estoy hablando de boxeo.

sábado, 25 de marzo de 2017

Compulsivo obsesivo

Uno, dos, tres, cinco, siete, once, trece, diecisiete, diecinueve y veintitrés.
Y claro, veintitrés fueron las veces que revisé "la hora" en mi celular esperando tu respuesta.
Y sí, diecinueve minutos pasaron desde que te conocí, hasta que supe que estaba totalmente perdido.
Y recordé: casi diecisiete años tenía la primera vez que perdí de esa misma forma, a primera vista.
Exactos trece intentos fallidos fueron hasta que encontré, por un segundo, tus ojos entre la multitud.
Once meses tratando de convencerme, de intentarlo, aunque solo fuese para evitar el "y qué tal si...".
Siete las razones que supuse existían detrás de tu negativa a siquiera conocerme, por lo bajo.
Y cinco fueron las ocasiones en que leí tu mensaje antes de atreverme a "responder", no dije nada.
Tres palabras quería realmente articular y no, no pude, la sintaxis se me hacía imposible.
Al parecer dos seguirán siendo los caminos, las historias y los menús de desayuno y cena.
Uno es el más obsesivo y compulsivo de los números, inclusive entre los números primos.

miércoles, 11 de enero de 2017

Lo que odio

Odio tener que guardar apariencias,
odio tener que parecer normal,
odio tener, porque el tener te ata,
odio tantas cosas y odio que sean tantas.

Odio la congoja y ya la tengo de enemiga,
odio la desdicha de este odio sin salida,
odio, sencillamente odio, la cara de la muerte,
y odio más no poder siquiera verte.

Odio que mi dizque maravilloso mundo no baste,
odio hablar y no tener valor para mirarte.
Odio las penurias del pasado,
odio todo este mundo mal hablado.

Odio mucho,  mucho más de lo que quisiera,
y odio la gente en la calle que camina ligera.
Odio sentir que me enamoré otra vez,
no sabes cuánto odio haber aprendido todo al revés.

Odio ser tan terco, tan obtuso y tan callado,
odio el laberinto en que me dejaron encerrado.
Odio los finales de cuentos de hadas,
y paradojicamente odio no encontrar tu mirada.

Odio la injusticia y las descontextualizaciones,
pero odio mucho más vivir de precauciones.  
Odio, sabes, odio mi inocencia de pacotilla,
y odio que esta sociedad me quiera de rodillas.






miércoles, 16 de noviembre de 2016

Inefable

Cuando besas todo se detiene y solo queda el eterno instante en que respiras.
Cuando besas es un ataque certero, un recuerdo que se clava en eso que llaman “siempre”.
Cuando besas miras con desdén, no real, sino aquel capricho de quien se sabe inolvidable.
Cuando besas difícilmente se puede aceptar la existencia de algo más.
Cuando besas es sutil, es brutal y descomunal a la vez; como la lluvia, como el mar, como el desierto, en ese orden.
Cuando besas es como si tuviera todas las preguntas y no importaran las respuestas.
Cuando besas cualquier viaje esta recién comenzando y llegando a su fin.
Cuando besas es como cuando amanece nublado en abril, me encantan los días nublados.
Cuando besas todo es más fútil e inevitablemente parece por fin tener sentido.

Cuando besas es indescriptible… así imagino que besas.

domingo, 6 de noviembre de 2016

En un mundo paralelo

No tengo la certeza de tener algo común contigo, sospecho, honestamente, que sí lo hay, es poco.
Pese a ello, me quisiera arriesgar a averiguarlo.
Te conocí, por llamarlo así, un 18 de febrero, más que conocerte te vi, te vi y te volví a ver.
Te perdí de vista y me sentí bastante aturdido. Extraño.

Es extraño, y es que llevo cerca de diez meses con tu imagen en mi cabeza resonando.
Tu voz era justo como la imaginaba, la primera vez que te vi no te dirigí palabra: cobarde.
La segunda vez que te vi no estaba preparado para estar tan nervioso: estúpido.
La tercera es la vencida, me repito a cada instante, pero no sé si habrá tercera: iluso.

Por que no es tan sencillo para mí decir: Hola, me gustaría conocerte, ¿te puedo invitar un café?
No, no es simple, no para mí, ¿qué tal si no te gusta el café?¿qué tal si lo odias?
Habría arruinado mi última oportunidad, por imaginaria que ésta sea.
Y es que no sé porqué me importa tanto que lo imaginario sea real contigo.

Sufrí como un condenado por otra hace ya bastante tiempo y ya no importa, solo quería decirlo.
Pienso más en ti que en cualquier otra persona y aún así no me atrevo a decir nada: idiota.
Me importa no arruinar nada que se relacione a ti y quizá por eso no digo nada.
Me importas, sin conocerte, lo suficiente para decirte de antemano que, en general, soy un desastre.

Probablemente haría mi mejor esfuerzo, no pierdo la esperanza de que con eso baste.







miércoles, 19 de octubre de 2016

Aforismos

Confiar en la sospecha de que busco probarme algo importante.
Creer en la falta de instinto de abandono a pesar del vaivén de dudas.
Arrojarme a la decisión y a la tozudez de la que hago gala.
Enfrentar al miedo, atacarlo a traición si hiciese falta: todo vale.
Derrochar convicción hasta que no quede ni una gota.
Avanzar.

Destruir la angustia, anhelar la gloria que no he de alcanzar.
Escalar la dificultad a pesar de la congoja: conquistar la cima.
Aferrarme a la ambición que aún queda, porque sí, es posible.
Disuadir al tiempo de que de más chance, quitarse el reloj.
Continuar constante, en alta intensidad, no hay descanso.
Aprender.

Escupir la rabia a la basura, ese es su lugar.
Querer y desear alcanzar el viaje sin que el final preocupe.
Descubrir lo que haga falta: seguir.
Olvidar el amor perdido y su resaca.
De frente, sin prisa y a máxima velocidad.
Resurgir.

viernes, 29 de julio de 2016

Aritmética olvidada


(

Casi un año: multiplícalo por casi tres y la deuda estará casi saldada.



Soy la mitad, dos veces mejor, mejor y mayor que el yo que era tuyo.

Ese yo que vivió (-murió-) dividiéndose para multiplicarse por ti.

Este no lo haría ni por lástima, ni por media necesidad.

Más:

Una ciudad que es nueva, mucha gente "novedosa", y mil sonrisas de verdad.

Viví corriendo seis días por semana, al menos diez kilómetros cada vez, hasta que le resté suficientes minutos al reloj.

El resultado ya va en cuarenta y cinco y no hay limites.

Perdí la cuenta de los días en que no sentí ni la mitad de los dos pies.
Nunca volví a ser menos de mi cien por ciento.
Ahora, mulptiplíca cada día que viví por ti por la cantidad de veces que creí que era mutuo. 

Sé que un dígito tan grande no puedes ni leerlo. 

Sé que tampoco sabes lo bien que se siente poder deshacerme de la calculadora.

)
Por cero.